LA BATALLA INTERNA DE NO ENCONTRAR UNA RESPUESTA
Por norma general, hay dos rutas para conseguir una misma meta.
La primera, que es más directa, en la que tú planteas tu objetivo, preguntas por el camino más rápido y seguro y sigues las flechas. Y la segunda, no tan directa, en la que, por mucho que preguntes, nadie tiene muy claro a dónde ir y acaban enviándote de un sitio a otro.
Esta última ruta fue la que me trajo hasta aquí , antes incluso de iniciar este proyecto.
Verás, te lo explico.
Es evidente que hablar sobre nuestros conflictos puede ser una tarea ardua. Estamos hablando de relaciones complicadas con nuestras personas más próximas, así que es completamente entendible que nos suponga un esfuerzo titánico expresar las sensaciones que nos provocan con palabras. Más aún cuando esa relación conflictiva se da con una madre, la persona que, se presupone, debe acompañarnos de una manera u otra desde el primer día de nuestras vidas.
Lo sorprendente de esto no es solo el esfuerzo que puede suponer expresar lo que sentimos o cómo lo sentimos. Hasta hace no mucho tiempo, se consideraba tan impensable como extraño el no tener una relación ideal con nuestra madre. Era un tema casi tabú.
En realidad, cuando empecé a indagar en este terreno, lo que me resultó más asombroso es lo difícil que puede resultar buscar una respuesta a esas preguntas que hacemos cuando empezarnos a darnos cuenta de esa relación es conflictiva.
Rebuscas y rebuscas en las librerías para ver si hay algún otro libro que trate este tema y que te recuerde que hay más hijas como tú que han pasado por la misma situación y la han superado.
Navegas en internet y tienes que saltar de artículo en artículo o de blog en blog; en definitiva, tienes bucear hasta el fondo para encontrar algo que te alivie lo más mínimo.
Incluso encontrar a un especialista que de en la tecla sobre qué pasa en tu relación con tu madre y cómo te afecta en el día al día es un trabajo frustrante.
Cuando, después de tanto buscar, ninguno de estos recursos nos da la respuesta que esperábamos es porque quizás hay un vacío importante que debería estar cubierto. Por lo menos, debería ser más accesibles para esas mujeres que necesitan saber si esa relación que tienen con sus madres tiene solución y, así es, cómo deben actuar actuariales actuariales para conseguirlo.
Eso es justamente lo que pensé cuando decidí lanzarme y especializarme en este campo.
Esa sensación de vacío, mi formación y la propia experiencia me dieron el empujón que necesitaba para dedicarme a la gestión positiva de conflictos y, en concreto, esos conflictos entre madres e hijas.
¿La meta? Ayudar a esas mujeres a tomar las riendas de sus conflictos para que puedan enfrentarse a la forma de serena, sana y confiada. En otras palabras, terminar con las batallas internas y sanar heridas para seguir avanzando como personas.
Tal vez no fuera del camino más directo para tomar esta decisión, pero desde entonces me ha enriquecido tanto como para poder ponerme en la piel de quien sufre esa incertidumbre y falta de respuestas.
Cada uno da con su propia fórmula. Esta fue la mía y este proyecto fue el resultado.
¿Cuál será la tuya?
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