¿QUÉ OCURRE CUANDO SUPERAS UNA RELACIÓN DIFÍCIL CON TU MADRE?
Cuando el libro «Madres que no saben amar», de Karyl McBride (una lectura que te recomiendo), se va acercando a su final, la autora compara nuestra vida con un árbol y lo hace con un argumento muy concreto.
McBride opina que nuestra crianza equivale a nuestras raíces; nuestro desarrollo como personas, al robusto tronco; por último, las ramas que florecen y se extienden serían el reflejo de nuestra vida adulta.
¿Por qué nos cuenta esto McBride? ¿Y por qué te lo cuento yo a ti?
Hay una razón de peso.
Hay algo que no debemos perder de vista: en nuestro desarrollo (nuestro tronco) quedarán las marcas de nuestras «cicatrices». Las huellas de lo que hayamos vivido hasta la fecha.
¿Significa eso que deberíamos buscar una manera de deshacernos de ellas, en lugar de aceptarlas?
Para nada. Es verdaderamente importante entender esto, de lo contrario, todo lo que hayamos trabajado para cerrar esas heridas perderá un enorme valor.
Una relación conflictiva entre madres e hijas puede dejar una huella muy distinta en cada persona. Al fin y al cabo, puede que enfrentarnos a esa disputa nos suponga un esfuerzo titánico, como ya hemos comentado en artículos anteriores.
Sin embargo, lo cierto es que, por complicado que sea, es uno de los tres pasos vitales para sanar.
Los tres pasos vitales.
El primer paso consiste en identificar la raíz del problema y reconocerlo. No podemos ponerle solución a algo que ni siquiera admitimos.
El segundo de ellos consiste en procesar los sentimientos y emociones que nos provoca el mirar cara a cara ese problema. Debemos entender la naturaleza esos sentimientos y dar con la forma de convivir con ellos sin que nos perjudiquen.
El tercero consiste en buscar el nuevo enfoque desde el que deberemos afrontar este conflicto. Uno más sano, más seguro y más positivo.
Cada uno de estos tres pasos es necesario para llegar al último objetivo: ser capaces de gestionar la relación con nuestra madre de forma eficaz sin que estas afecten negativamente nuestro día a día como hasta el momento.
Ahora viene la gran pregunta. Si llegas hasta esa meta…
¿Cuál crees que será el resultado?
¿Te lo imaginas? Quizás esto te ayude un poco.
Reconoces los límites.
Algo muy común en la gestión de conflictos entre madres e hijas es pensar que esta debe ser una tarea conjunto, cuando no es así. Poco a poco, entenderás que hay cosas que se escapan de tu control. Es decir, que podrás centrarte en ti misma y en seguir avanzando en tu forma de afrontar las disputas, sin hacerte responsable de los actos de tu madre o de otras personas.
Aceptas tu propia identidad.
Esto es algo muy relevante, ya que quienes han convivido mucho tiempo con una madre tóxica o controladora suelen tener dificultades para distanciarse emocionalmente de ellas o sienten cierta inseguridad al tomar sus propias decisiones por haberse visto criticadas durante largo tiempo.
Cambias la dinámica.
Y, lo más importante, tendrás los recursos, los conocimientos y la seguridad para gestionar los conflictos con tu madre de manera positiva, evitando conductas que anteriormente te hacían daño o te agotaban.
En definitiva, la suma de todos estos factores, te llevarán de la mano a una nueva etapa marcada por la tranquilidad, dejando atrás los conflictos que te han acompañado durante todo este tiempo.
Y si tú también quieres llegar hasta ahí y ver estos resultados en ti misma, me encantará conocerte en una sesión de orientación gratuita, en la que definiremos los retos que tiene en relación con tu problema y, desde mi experiencia, te señalaré los pasos que te pueden ayudar a superarlos con éxito.
¿Damos el paso?